EL MALPENSANTE

Revista literaria colombiana

El cesto del magazín,
una antología del rechazo

Presentación y selección de Jaime Andrés Monsalve

El resultado es una novela quizá sin precedentes en nuestra literatura reciente, no solo por los temas de que se ocupa sino por el conocimiento que respalda de lo que se ocupa. El lenguaje sencillo, sin juegos ni trampas intelectuales, se detiene con rigor en cada detalle y encuentra el adjetivo preciso que sepa ocultarse para que la imagen sobresalga. Ser editor implica responder a las ilusiones de muchos autores con un no. Algunos han convertido esa obligación cotidiana en una brillante forma de infamia cercana a la literatura. La correspondencia entre colaboradores y editores del Magazín Dominical de El Espectador revuelve en el mismo cesto las perlas y los cerdos.

Hubo un tiempo en el que para saber si servías o no como escritor podías recurrir, si te atrevías, al más contundente y severo de los dictámenes: el del Magazín Dominical del diario El Espectador en la década de los sesenta.

Había una manera de saber si el Magazín te había catapultado hacia la cima, y era ver publicado tu nombre en letra de molde, encabezando tu esforzado escrito. Por el contrario, si te leías en la sección “Cartas del Domingo”, te aguardaba la infamia y el desprestigio. Semana tras semana, abnegados intentos de escritor hac&... Para los ciudadanos que habitamos en las ciudades principales de Colombia la palabra ‘Chocó’ es casi extranjera. Y si sabemos algo del Chocó, por la carga de su representación dominante en los medios, pensamos en miseria, humedad, abandono; ríos revueltos, oro, peligro. Casi todo, producto de las postales costumbristas y amañadas que la prensa exhibe para ajustar sus discursos lastimeros, condescendientes. La eclosión literaria de los sesenta tuvo en el Magazín, publicación en formato tabloide dirigida por el legendario Gonzalo González Fernández, GOG (Aracataca, 1920 - Bogotá, 1992), una certera plataforma de legitimación. No fue el único órgano encargado de establecer un canon literario, pero hizo lo suyo al divulgar la obra de los autores de la generación Mito (es de antología su edición monográfica a la memoria de Eduardo Cote Lamus), al apostarle de frente y con entusiasmo al nadaísmo y al dedicar páginas enteras –como las del recordado ejemplar del 1° de mayo de 1966 que incluyó el primer capítulo de Cien años de soledad– a intuir lo que llegó a ser Gabriel García Márquez.


Fuente: El Malpensante

Seducción,
abandono
y aborto

Presentación Y Selección De Mauricio Rubio

En 1665, John Smith, el amigo de Pocahontas, fue jurado en el proceso contra Dorcas Howard, una criada soltera que había sido arrestada por dar a luz a un niño que luego apareció muerto. Nunca se supo si fue un aborto tardío, un parto que finalizó mal o un infanticidio, y la evidencia resultó insuficiente para que la señorita Howard fuera condenada..

En la Norteamérica colonial eran comunes los abortos forzados que involucraban a muchachas de origen modesto, subordinadas y amantes de un hombre poderoso al que le resultaba intolerable que el hijo ilegítimo naciera. El capitán William Mitchell, por ejemplo, sedujo a una de sus esclavas y al quedar esta embarazada la obligó a beber un abortivo. Mitchell recibió condena por “adulterio, fornicación e intento de asesinato”. En 1663, el médico Jacob Lumbrozo, de Maryland, fue acusado por su criada, de 22 años, de haberla violado y obligado a beber una pócima abortiva. Para librarse de la única testigo en contra, Lumbrozo contrajo matrimonio con la víctima. Los casos eran tan comunes que en varias oportunidades las autoridades coloniales manifestaron preocupación por la gran cantidad de criadas solteras “engañadas con un hijo” que denunciaban su situación o morían.


Fuente: El Malpensante

El Estado colombiano:
de católico a cristiano

Presentación y selección de Hernando Gómez Buendía

Para los ciudadanos que habitamos en las ciudades principales de Colombia la palabra ‘Chocó’ es casi extranjera. Y si sabemos algo del Chocó, por la carga de su representación dominante en los medios, pensamos en miseria, humedad, abandono; ríos revueltos, oro, peligro. Casi todo, producto de las postales costumbristas y amañadas que la prensa exhibe para ajustar sus discursos lastimeros, condescendientes. La Constitución de 1991 fue el resultado, entre otras razones, de un gran esfuerzo por establecer un Estado laico. A pesar de las reformas, el reciente escándalo de los Piraquive ha arrojado luz sobre el hecho de que la política colombiana cada vez es menos católica, pero más cristiana y corrupta.

Lo diré de manera resumida: con la Constitución de 1991, no pasamos de un Estado confesional a uno laico. Más bien pasamos de un Estado católico a uno cristiano. Admitiré que esto no es culpa apenas del texto constitucional, sino de las tozudas realidades sociales y políticas. Y añadiré que aunque ese hubiera sido un progreso, dejó sin resolver el problema de fondo.

Para empezar, el problema no estaba en la Constitución, sino en el Concordato. No obstante la retórica de la anterior Constitución (“Dios, fuente suprema de toda autoridad”, “la religión católica, religión de la Nación”), ya desde 1886 se había establecido la libertad de cultos: “...nadie será molestado por razón de sus opiniones religiosas, ni compelido por las autoridades a profesar creencias ni a observar prácticas contrarias a su conciencia”, decía el texto original de Núñez.


Fuente: Arcadia
Fundada en octubre de 1996 por Andrés Hoyos